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Rubén Darío, biografía y obras más importantes

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Rubén Darío es el más grande poeta nicaragüense. Nacido en Metapa, hoy Ciudad Darío pero criado y radicado en León, es estudiado en las escuelas de todo el país y fue nombrado héroe nacional desde 2016.

Su verdadero nombre es Félix Rubén García Sarmiento, sin embargo debido a la fama de su familia de parte de padre, conocida por Los Daríos por sus habilidades en la poesía adoptó el nombre por el que se le conoce comúnmente.

Biografía corta

Su nacimiento ocurre el 18 de enero de 1867 producto del matrimonio, arreglado por intereses económicos, entre Manuel García Sarmiento (Manuel Darío) y Rosa Sarmiento, primos en segundo grado.

La madre, que abandonaba el seno del hogar motivada por problemáticas maritales, se dirigió rumbo a Metapa en una mula de comercio, el transporte  habitual de entonces.

Es en ese pueblo en el que nació el poeta, que por su grandeza motivaría el cambio de nombre a lo que hoy se conoce como Ciudad Darío.

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Debido a la ruptura de su seno familiar fue criado por sus tíos Félix Ramírez y Bernarda Sarmiento en la ciudad de León, a la que se trasladó a penas un mes de su nacimiento.

Fue en esa ciudad donde fue bautizado en la Catedral de León.

La educación de la tía Bernarda le permitió aprender a leer con fluidez a los tres años de edad obras tan complejas como Las Mil y Una Noches, Don Quijote, los Oficios de Cicerón, Moratín y la Biblia.

Entre las anécdotas de su juventud se cuenta cómo adicionó para trabajar como payaso en un circo y así poder pasar tiempo con una trapecista de la que se había enamorado.

No pudo cumplir con su objetivo porque fue rechazado.

Su pasión por las letras le hicieron enfrentar la justicia.

Fue sentenciado por vagancia por dedicarse a escribir poemas por ocio, sin embargo por su astucia pudo evadir una multa de ocho pesos, ocho días barriendo la calle o labores de ornato en el cementerio.

Fue amante de la paz y mientras daba inicio la primera guerra mundial se dedicó a promover ideas pacifistas en América.

Estudios

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Su tía le quiso inculcar el oficio de la sastrería sin embargo, abandonaba las lecciones para dedicarse a la lectura. Ya era conocido en la ciudad como el Niño Poeta.

Cursó estudios con los jesuitas que habían sido expulsados de Guatemala, en la iglesia La Recolección.

Gracias a sus aportes a la poesía en el siglo XX, fue calificado por los expertos como “El príncipe de las letras castellanas” y “Padre del modernismo”.

¿Dónde vivió?

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Siendo joven conoció al presidente de El salvador Rafael Zaldívar, mismo que le ofrecería su protección.

En la nación centroamericana entabló una amistad con el poeta Francisco Gavidia con quien desarrollaría un estilo inspirado en el estilo francés que luego lo distinguiría a él y a toda la poesía modernista.

Ya en el año de 1883 tuvo que regresar a Nicaragua por dificultades económicas y tras haberse contagiado de viruela. En el país se movió entre las ciudades León y Granada, pero se trasladó a Managua donde trabajó en la biblioteca nacional.

Logró un éxito considerable con la obra Cada oveja, con la incursionaría en el teatro.

Chile

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En 1886 partió a Chile. En la tierra suramericana tuvo la protección de Eduardo Poirier y del poeta Eduardo de la Barra por las recomendaciones que llevaba de Nicaragua.

Colaboró con Poirier para redactar Emelina con la que participaron en concurso literario. No ganaron pero la amistad le permitió obtener un puesto en el diario La Época, de Santiago.

Sin embargo no tuvo buenas condiciones de vida y fue víctima de constantes humillaciones de la aristocracia.

A pesar de las dificultades, logró hacerse amigo del poeta Pedro Balmaceda Toro, hijo del presidente de esa época.

Con su respaldo y el de Manuel Rodríguez Mendoza, puedo publicar Abrojos, su primer libro de poemas.

Posteriormente con Eduardo Poirier y Eduardo de la Barra logró imprimir Azul…, que se convertiría en el inicio de la revolución literaria modernista, a pesar de que su éxito no fue inmediato.

Centroamérica

El renombre adquirido posteriormente le consiguió una plaza en el periódico La Nación, de Buenos Aires, de mayor alcance de toda Hispanoamérica en la época.

Durante una escala en Perú rumbo a Nicaragua, conoció al poeta Ricardo Palma, y una vez en ciudad de León tuvo un recibimiento triunfal.

Su estancia en su país natal fue breve, pues enseguida viajó a San Salvador, donde fue nombrado director del diario La Unión, defensor de la unión centroamericana.

Ahí se casó por la vía civil con Rafaela Contreras Cañas, hija de  Álvaro Contreras, sólo un día antes del golpe de estado contra Francisco Menéndez,  a cargo Ezeta (presente en la boda de Darío).

Guatemala

Tras esos hechos se mudó sin la esposa a Guatemala, donde el presidente Manuel Lisandro Barillas preparaba la guerra contra El Salvador.

Darío publicó entonces en El Imparcial el artículo “Historia negra”, denunciando la traición de Ezeta.

Estando en Guatemala publicó la segunda edición Azul…, en el que ampliaba la obra y esta vez con las dos cartas de Juan Valera como prólogo.

Costa Rica

También en ese país se casó por la iglesia con Rafaela Contreras. El diario El Correo de la Tarde en el que laboraba cerró y el poeta y periodista se  trasladó a Costa Rica.

Allí nació su primer hijo, Rubén Darío Contreras en el año 1891, aunque sus condiciones económicas no eran las mejores y contaba con muchas deudas.

Tuvo que regresar nuevamente a Guatemala solo. Luego regresó a Nicaragua, donde fue nombrado miembro de una diplomática en  Madrid.

España

Pasó por Cuba, donde conoció al poeta Julián del Casal, y a otros artistas, como Aniceto Valdivia y Raoul Cay.

Una vez en España frecuentó a los poetas Gaspar Núñez de Arce, José Zorrilla y Salvador Rueda, y a los escritores Juan Valera y Emilia Pardo Bazán, el erudito Marcelino Menéndez Pelayo, y varios destacados políticos, como Emilio Castelar y Antonio Cánovas del Castillo.

Concluida su misión permaneció en Managua, donde volvió a tener amores Rosario Murillo, con quien tuvo que casarse por presiones familiares.

Argentina

Luego, estando en Panamá, el colombiano Miguel Antonio Caro lo nombró como cónsul honorífico en Buenos Aires.

Antes de llegar a la Argentina tuvo que viajar por Europa y Estados unidos, donde, en New York, conoció al poeta cubano José Martí.

Viajó a Francia y conoció a Jean Moréas y su ídolo y mayor influencia Paul Verlaine, aunque no éste último encuentro no fue muy agradable.

Tuvo problemas de salud relacionados al exceso en el consumo de alcohol. Su plaza de cónsul fue revocada y luego publicó Los Raros y Prosas Profanas, consagración definitiva del modernismo literario español.

París y España

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Consiguió la plaza como corresponsal de La Nación para informar sobre el desastre provocado por la invasión de los Estados Unidos en Cuba, que todavía era colonia española en ese entonces.

Darío aún casado con Rosario Murillo, conoció Francisca Sánchez del Pozo, una campesina analfabeta natural de Navalsauz (Ávila) con la que pasaría sus últimos días.

Se instalaron en París donde enseñó a leer y a escribir a Sánchez, para luego contraer matrimonio civil y procrear tres hijos, aunque sólo uno sobreviviría.

En la ciudad luz publicó la segunda edición de Prosas Profanas, y luego se movió nuevamente a España, siendo parte de una comisión del gobierno nicaragüense para resolver una disputa territorial con Honduras.

Una vez allí publicó Cantos de Vida y Esparanza, los cisnes y otros poemas, su tercer libro capital.

De ese texto son destacables “Salutación del optimista” y “A Roosevelt”, en los que denuncia la amenaza del imperialismo estadounidense a Latinoamérica.

Los problemas y el distanciamiento con Rosario Murillo con quien inició trámites de divorcio lo hicieron retornar a Nicaragua, aunque no pudo disolver su vínculo.

Estando en el país fue nombrado ministro residente en Madrid por José Santos Zelaya, pero tuvo problemas con los gastos por su poco presupuesto, incuso durante sus años como embajador, que solventó con su salario del periódico la Nación.

Darío dejó el puesto cuando Zelaya fue derrocado, mismo con el que había colaborado en el libro Estados Unidos y la revolución de Nicaragua, en el que acusaban a los Estados Unidos y al dictador guatemalteco, Manuel Estrada Cabrera, de haber tramado el derrocamiento de su gobierno.

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Muerte

Falleció en la ciudad de León el 6 de abril de 1916.

El presidente de la época Adolfo Díaz declaró su fallecimiento como duelo de la patria y le fueron otorgados honores de Ministro de la Guerra y la Marina, a pesar de sus ideales pacifistas.

Su funeral fue el 8 de febrero y en él participaron miles de personas por unas calles adornadas lujosamente.

Al día siguiente fue llevado al Paraninfo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) de León donde permitió 4 días en capilla ardiente.

La ceremonia religiosa fue celebrada finalmente el 12 de abril en la Catedral de León para luego ser acompañado por 10 mil personas.

El templo fue adornado también con las banderas de Argentina, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Guatemala.

Su entierro fue finalmente llevado a cabo en la columna custodiada por apóstol San Pablo, en una cripta a sus píes donde su cadáver dentro de un ataúd metálico que resguardaba uno de madera, sería custodiado por un león derramando una lágrima.

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¿Cuántas esposas tuvo Rubén? Darío y cómo se llaman

A pesar de que Rubén Darío fue inspirado toda su vida por musas, aunque fueron tres con las cuales formalizó matrimonios.

Su corazón fue cautivado por primera vez por la trapecista Hortensia Buislay y luego por su prima Isabel, a quien dedicó el cuento Palomas blancas y garzas morenas. En el relato la llamaba Inés.

Rafael Contreras

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Su primera esposa fue sin embargo Rafaela Contreras, una conocida suya de Nicaragua con la que se reencontró en El Salvador cuando Rubén era director del  diario La Unión.

Contreras enviaba poemas al rotativo con periodista costarricense, Tranquilino Chacón. La joven usaba el seudónimo Stella y la calidad de los escritos impresionaron al poeta.

Contreras fallecería luego de una intervención quirúrgica y Darío encarga a su hijo a su cuñada adinerada mientras él se sume en el alcohol.

Rosario Murillo

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Debido a los problemas económicos se ve obligado a regresar a Nicaragua y se reencuentra con su amor de infancia Rosario Emelina Murillo Rivas, a quien bautizó como la garza morena.

Con ella se volvió a  casar, pero por las presiones de su hermano Andrés Murillo quien lo acusaba de haberle faltado al respeto a Rosario.

Francisca Sánchez

Durante los años como corresponsal para La Nación en España conoció a Francisca Sánchez del Pozo, hija del jardinero de la casa de los reyes de España.

Con ella no pudo casarse ya que su matrimonio por la iglesia con Rosario Murillo se lo impidió. El vaticano rechazó la solicitud de divorcio.

Sin embargo en Nicaragua, si pudo separarse gracias a la ley que permitía el divorcio solo con la voluntad de uno de los esposos.

Con Sánchez, a quien Rubén llamó la Princesa Paca pasó los últimos años de su vida, aunque Rubén fallecería sin su compañía en su amado León Nicaragua.

Cuáles fueron los primeros libros de Rubén Darío

Obras más importantes

Durante su vida logró publicar 26 libros, 12 de poesía y 14 de prosa.

Las obras que hizo tuvieron un gran impacto en la literatura. Las más importantes son:

Azul…

Quién es el autor del libro azul

Es una recopilación de poemas y cuentos que se considera una de las piezas de mayor valor en el modernismo hispánico.

Se publicó por primera vez en Valparaíso, Argentina en el año de 1988.

Prosas Profanas

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El texto representa el momento en el que Darío logra la renovación métrica y verbal de la poesía.

Fue también publicada en Artentina, pero esta vez en Buenos Aires en el año 1896.

Cantos de Vida y Esperanza, los Cisnes y Otros Poemas

Esta sería la cumbre máxima de su obra. Con ella da una nueva orientación a la escritura conservando la esencia que le caracterizó en Azu y Prosas Profanas.

La primera edición fue en 1888 en Valparaíso, mientras que la segunda edición a cargo del mismo poeta se dio en 1890 en Guatemala.

Poemas 

Si busca algunos poemas de uso escolar, hemos seleccionado unos cuantos para que los pueda leer a sus hijos, o bien poner en práctica en obras de teatro infantiles para la escuela.

Poemas de Rubén Darío para niños

Campoamor

Éste del cabello cano,

como la piel del armiño,

juntó su candor de niño

con su experiencia de anciano;

cuando se tiene en la mano

un libro de tal varón,

abeja es cada expresión

que, volando del papel,

deja en los labios la miel

y pica en el corazón.

Día de dolor

¡Día de dolor,

aquel en que vuela para siempre el ángel

del primer amor!

La calumnia

Puede una gota de lodo

sobre un diamante caer;

puede también de este modo

su fulgor oscurecer;

pero aunque el diamante todo

se encuentre de fango lleno,

el valor que lo hace bueno

no perderá ni un instante,

y ha de ser siempre diamante

por más que lo manche el cieno.

Poemas para dramatizar

Rimas X

En tus ojos un misterio;

en tus labios un enigma.

Y yo fijo en tus miradas

y extasiado en tus sonrisas.

Rimas XV

Un castillo de blancas azucenas

donde una mano leve

coloque entre armonías y rumores

rocío transparente;

un rayo misterioso de la luna

empapada en el éter;

un eco de las arpas que resuenan

y el corazón conmueven;

un beso de un querube en tus mejillas;

algo apacible y leve,

y escrita sobre la hoja de albo lirio,

una rima de Bécquer.

Spes

Jesús, incomparable perdonador de injurias,

óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno

pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno,

una gracia lustral de iras y lujurias.

Dime que este espantoso horror de la agonía

que me obsede, es no más de mi culpa nefanda,

que al morir hallaré la luz de un nuevo día

y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!»

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura porque esa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,

ni de dónde venimos!…

Triste, muy tristemente

Un día estaba yo triste, muy tristemente

viendo cómo caía el agua de una fuente.

Era la noche dulce y argentina. Lloraba

la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba

la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,

diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,

que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.

Poemas de 4 estrofas

Un soneto a Cervantes

Horas de pesadumbre y de tristeza

paso en mi soledad. Pero Cervantes

es buen amigo. Endulza mis instantes

ásperos, y reposa mi cabeza.

Él es la vida y la naturaleza,

regala un yelmo de oros y diamantes

a mis sueños errantes.

Es para mí: suspira, ríe y reza.

Cristiano y amoroso y caballero

parla como un arroyo cristalino.

¡Así le admiro y quiero,

viendo cómo el destino

hace que regocije al mundo entero

la tristeza inmortal de ser divino!

Francisca, Sé Suave

Francisca, sé suave,

es tu dulce deber;

sé para mí un ave

que fuera una mujer.

Francisca, sé una flor

Francisca, sé una flor

y mi vida perfuma,

hecha toda de amor

y de dolor y espuma.

Francisca, sé un ungüento

como mi pensamiento;

Francisca, sé una flor

cual mi sutil amor;

Francisca, sé mujer,

como se debe ser…

Saber amar y sentir

y admirar como rezar…

y la ciencia del vivir

y la virtud de esperar.

DE INVIERNO

En invernales horas, mirad a Carolina.

Medio apelotonada, descansa en el sillón,

envuelta con su abrigo de marta cibelina

y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,

rozando con su hocico la falda de Aleçón,

no lejos de las jarras de porcelana china

que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:

entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris;

voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.

Abre los ojos; mírame con su mirar risueño,

y en tanto cae la nieve del cielo de París.

CAUPOLICÁN

Es algo formidable que vio la vieja raza:

robusto tronco de árbol al hombro de un campeón

salvaje y aguerrido, cuya fornida maza

blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,

pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,

lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,

desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,

le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,

y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.

Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,

e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

DEL TRÓPICO

¡Qué alegre y fresca la mañanita!

Me agarra el aire por la nariz:

los perros ladran, un chico grita

y una muchacha gorda y bonita,

junto a una piedra, muele maíz.

Un mozo trae por un sendero

sus herramientas y su morral:

otro con caites y sin sombrero

busca una vaca con su ternero

para ordeñarla junto al corral.

Sonriendo a veces a la muchacha,

que de la piedra pasa al fogón,

un sabanero de buena facha,

casi en cuclillas afila el hacha

sobre una orilla del mollejón.

Por las colinas la luz se pierde

bajo el cielo claro y sin fin;

ahí el ganado las hojas muerde,

y hay en los tallos del pasto verde,

escarabajos de oro y carmín.

Sonando un cuerno corvo y sonoro,

pasa un vaquero, y a plena luz

vienen las vacas y un blanco toro,

con unas manchas color de oro

por la barriga y en el testuz.

Y la patrona, bate que bate,

me regocija con la ilusión

de una gran taza de chocolate,

que ha de pasarme por el gaznate

con la tostada y el requesón.

LOS TRES REYES MAGOS

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.

Vengo a decir: La vida es pura y bella.

Existe Dios. El amor es inmenso.

¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.

Existe Dios. Él es la luz del día.

La blanca flor tiene sus pies en lodo.

¡Y en el placer hay la melancolía!

-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro

que existe Dios. Él es el grande y fuerte.

Todo lo sé por el lucero puro

que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.

Triunfa el amor y a su fiesta os convida.

¡Cristo resurge, hace la luz del caos

y tiene la corona de la Vida!

Poemas de amistad

Cómo Decía Usted, Amigo Mío

¿Cómo decía usted, amigo mío?

¿Qué el amor es un río? No es extraño.

Es ciertamente un río

que, uniéndose al confluente del desvío,

va a perderse en el mar del desengaño.

MELANCOLÍA

Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.

Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.

Voy bajo tempestades y tormentas

ciego de sueño y loco de armonía.

Ése es mi mal. Soñar. La poesía

es la camisa férrea de mil puntas cruentas

que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas

dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;

a veces me parece que el camino es muy largo,

y a veces que es muy corto…

Y en este titubeo de aliento y agonía,

cargo lleno de penas lo que apenas soporto.

¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

¿Tienes, joven amigo, ceñida la coraza

para empezar, valiente, la divina pelea?

¿Has visto si resiste el metal de tu idea

la furia del mandoble y el peso de la maza?

¿Te sientes con la sangre de la celeste raza

que vida con los números pitagóricos crea?

¿Y, como el fuerte Herakles al león de Nemea,

a los sangrientos tigres del mal darías caza?

¿Te enternece el azul de una noche tranquila?

¿Escuchas pensativo el sonar de la esquila

cuando el Angelus dice el alma de la tarde?…

¿Tu corazón las voces ocultas interpreta?

Sigue, entonces, tu rumbo de amor. Eres poeta. La belleza te cubra de luz y Dios te guarde.

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